Esta era la puerta reservada a los conversos.


Bienvenidos seáis, viajeros. Como buen hidalgo, es mi deber atender a tan ilustres huéspedes como ellos se merecen, por lo que os encarezco hagáis saber a quienes cuidan mi casa de vuestras necesidades y os serán satisfechas al punto. Que buenos manjares tenemos en la alacena, buenos vinos en la bodega y mullidos jergones con limpios lienzos en las alcobas. Mas ahora, os apremio a que me acompañéis por esta muy noble ciudad, Baeza la Nombrada, Nido Real de Gavilanes.


Resto de la antigua iglesia alfonsí del siglo XIII, es uno de los elementos más antiguos del templo.
Es un arco lobulado de herradura con alfiz rehundido, de estilo mudéjar. Sobre él destaca un
rosetón gótico del siglo XIV abierto en círculos concéntricos, decorados con hojas,
flores y cabezas, y coronado por una lápida sepulcral con la efigie del obispo S.
Pedro Pascual.

Ya en el año 656, durante el reinado del rey visigodo Wamba, pasó a Baeza la sede episcopal que se hallaba con anterioridad en Cástulo. En el 675 se menciona en documentos la sede episcopal de Biatia con su obispo Rogato, signatario del XI concilio de Toledo. Incluso permaneció como sede episcopal durante la ocupación musulmana, encontrándose con ella el rey Alfonso VIII tras la primera conquista de los cristianos en 1147. Por todo esto, tras la conquista definitiva de la ciudad, el rey Fernando III restaura en ella la silla del obispo en la persona de Fray Domingo, pariente de D. López Díaz de Haro, señor de Vizcaya que quedó encargado de la defensa de la ciudad.